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El carbón de los Reyes Magos
Autor: José Luis García |
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(La escena está vacía. En un extremo del
escenario podemos ver un edificio con un cartel que pone “Hostal”, con al
menos una ventana y una puerta).
(Entra el Presentador). PRESENTADOR.- ¿Alguno de vosotros se ha preguntado por qué los Reyes Magos dejan carbón en lugar de regalos a aquellos que se portan mal? Esta leyenda nos responde a esa pregunta. Muy atentos, que llegan los Reyes Magos… (Sale el Presentador). (Un cometa cruza el cielo a toda velocidad, y desaparece). (Entran Melchor, Gaspar y Baltasar). MELCHOR.- Estoy destrozado… ¿Dónde se ha metido la estrella? GASPAR.- Y pensar que nadie me hizo caso cuando dije de venir en camello. (Con sarcasmo). Un paseo nos vendrá bien. ¡Y venimos caminando desde Oriente! BALTASAR.- ¿Occidente?, ¿Oriente?; yo lo que estoy es desorientado. (Entra un Niño). MELCHOR.- Niño, ¿sabes dónde se hospedan María y José? GASPAR.- O José y María. BALTASAR.- No empecemos. NIÑOS.- Estaban en ese hostal, pero… MELCHOR.- Gracias, chaval. GASPAR.- Te recordaremos para traerte un regalo. BALTASAR.- Te traerá incienso, ¡menudo regalo! GASPAR.- Mejor que regalar mirra. NIÑO.- Pero ahora… MELCHOR.- Ya, ya; estarán durmiendo. (A Gaspar y Baltasar). Y vosotros dejad de pelear. Cuando descansemos veremos las cosas de otra manera. NIÑO.- Pero ahora… LOS TRES.- ¡Ya lo sabemos, chaval! (Se dirigen los tres hacia el hostal). NIÑO.- Los mayores nunca nos hacen caso. (Sale). (Melchor trata de abrir la puerta del hostal). MELCHOR.- Está cerrada. GASPAR.- Debimos haber hecho una reserva. BALTASAR.- (A voz en grito). ¡Ehhh!, ¡los del hostal! (Melchor y Gaspar dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. Se abre una ventana del hostal y asoma un hombre vestido de gris). HOMBRE.- ¿Quién grita de esa manera? BALTASAR.- ¿Se hospedan ahí María y José? GASPAR.- O José y María. HOMBRE.- ¿Quién lo pregunta?MELCHOR.- Somos los Reyes Magos. HOMBRE.- Paparruchas. Los Reyes Magos son los padres. (Cierra la ventana y desaparece). MELCHOR.- ¿Los padres de quién? GASPAR.- Yo soy padre, ¿y qué tiene que ver? BALTASAR.- (A voz en grito). ¡Ehhh!, ¡los del hostal! (Melchor y Gaspar dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. Se abre una ventana del hostal y asoma un hombre vestido de gris). HOMBRE.- ¿Queréis dejarme dormir? BALTASAR.- ¿Se hospedan ahí María y José? GASPAR.- O José y María. HOMBRE.- No les dejé hospedarse porque no tenían dinero. (Cierra la ventana). MELCHOR.- Pero María está a punto de tener un bebé. GASPAR.- Ese hombre es malo, muy malo. BALTASAR.- (A voz en grito). ¡Ehhh!, ¡los del hostal! (Melchor y Gaspar dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. Se abre una ventana del hostal y asoma un hombre vestido de gris). HOMBRE.- ¿Queréis dejarme dormir? MELCHOR.- ¿Puedes decirnos dónde se hospedan? HOMBRE.- No, porque no me fío de dos barbudos y un negro que gritan en plena noche. (Cierra la ventana). GASPAR.- Este hombre me está empezando a tocar las narices. BALTASAR.- (A voz en grito). ¡Ehhh!, ¡los del hostal! (Melchor y Gaspar dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. Se abre una ventana del hostal y asoma un hombre vestido de gris). HOMBRE.- ¿Queréis callaros de una vez? MELCHOR.- Somos Magos, además de reyes. GASPAR.- Podemos convertirte en sapo si nos apetece. HOMBRE.- Os diré dónde se hospedan si sois capaces de resolver una adivinanza. BALTASAR.- Eso es una infamia. HOMBRE.- Pues dejadme en paz. (Cierra la ventana). |
MELCHOR.-
Por las barbas de mi tatarabuelo… GASPAR.- Y por las de mi abuelo. BALTASAR.- (A voz en grito). ¡Ehhh!, ¡los del hostal! (Melchor y Gaspar dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. Se abre una ventana del hostal y asoma un hombre vestido de gris). HOMBRE.- (Vemos que tiene un cubo en la mano). Os voy a dejar tan mojados que pareceréis ranas con barba. (Arroja el contenido del cubo por la ventana, pero en lugar de agua, cae una lluvia plateada, una lluvia de estrellas). ¡Qué buen truco!, pero no os servirá de nada. BALTASAR.- Di tu adivinanza. MELCHOR.- Eso es seguirle el juego. BALTASAR.- Si no, estaremos así toda la noche. GASPAR.- ¿Y si lo convertimos en sapo? BALTASAR.- No nos servirá de nada, porque como sapo no podrá contestarnos. (Al hombre de la ventana). ¡Di tu adivinanza! HOMBRE.- Había una vez un perro, un gato y un gallo. Los tres tenían cinco años. Pero, ¿cuál de los tres era más viejo? BALTASAR.- Pero si todos tienen cinco años. MELCHOR.- ¿Cómo podemos saber en qué mes nació cada uno? HOMBRE.- Menudos magos de pacotilla. GASPAR.- ¡Lo sé!, el mayor es el gallo, porque tiene cinco años… y pico. HOMBRE.- (Ríe a todo reír, divertido con la tontería). ¿Genial, verdad? Venid mañana, que os diré dónde están José y María. (Cierra la ventana). BALTASAR.- Este hombre me tiene negro. NIÑO.- (Que entra). Yo les puedo llevar. Están en un establo no muy lejos de aquí. MELCHOR.- ¡Fantástico! BALTASAR.- (A voz en grito). ¡Ehhh!, ¡los del hostal! (Melchor, Gaspar y el Niño dan un salto asustados por los gritos de Baltasar. El Hombre abre la puerta del hostal, y trae un enorme garrote entre sus manos). HOMBRE.- ¡Me tenéis negro! GASPAR. Eso ya lo dijo Baltasar. BALTASAR.- ¡Estrella! GASPAR.- ¿Quién es Estrella? (La estrella que vimos al principio de la obra, aparece otra vez en el cielo. Va en dirección al Hombre con su garrote, y finalmente choca contra él. Se escucha una enorme explosión y un humo denso invade la escena). (Hasta que se indique lo contrario escuchamos las voces en medio del humo). MELCHOR.- Baltasar, tienes que aprender a controlar tu mal humor. GASPAR.- La estrella se ha estrellado. NIÑO.- Ha chocado contra el hombre malo. GASPAR.- Seguro que ahora lo ha dejado peor. (Cuando se disipa el humo, vemos que en lugar del Hombre hay una estatua negra, toda de carbón, con garrote y todo). MELCHOR.- Por malo y peleón. GASPAR.- A partir de ahora así serás. BALTASAR.- Un montón de carbón. LOS TRES.- Para siempre jamás. MELCHOR.- (Al Niño). ¿Vamos, chaval? NIÑO.- Claro, yo soy bueno. BALTASAR.- Por eso, en lugar de carbón, algún regalo tendrás. NIÑO.- Jo… Y luego dicen los niños del cole que los Reyes Magos son los padres. MELCHOR.- Somos padres, es verdad; yo tengo dos hijos. GASPAR.- Yo tengo tres. BALTASAR. Y yo tengo ocho. GASPAR.- Tu siempre tan exagerado… (Salen los cuatro). (Entra el Presentador). PRESENTADOR.- Y por eso, y a partir de ese día, surgió la costumbre de regalar carbón a aquellos que habían sido malos. Y ahora sed buenos y aplaudid, que los actores han trabajado mucho. Sed buenos y aplaudid, no vaya a ser que alguno de los Reyes Magos esté sentado entre vosotros… (Vemos a la estrella que desde el cielo se dirige hacia el Presentador, que al percatarse de la situación corre por la escena, perseguido por la estrella). PRESENTADOR.- ¡Qué soy bueno, caramba! (Sale de escena, perseguido por la estrella). FIN |
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Papá Noel y sus Duendes
Autora: Isabel Tapiador |
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(La escena está vacía,
a continuación veremos a los tres duendes de Papá Noel: Nené, Fufú y
Risqui-Risqui (al que nos referiremos como R-R).
Se presentan “rapeando”, cada uno sube como un resorte para decir su frase y vuelve a bajar; suben los tres cuando la frase es a coro:) NENÉ.- ¡Nené! FUFÚ.- ¡Fufú! R-R.- ¡Risqui-Risqui! LOS TRES.- Somos los duendes más importantes, somos los duendes. A Papá Noel ayudamos, todos los juguetes ordenamos y con la bruja no nos juntamos. Somos los duendes más importantes, somos los duendes. A Papá Noel ayudamos, los juguetes empaquetamos y con la bruja no nos juntamos. Somos los duendes, somos los duendes.
(Los duendes
clasifican los regalos, Nené coge un regalo y dice lo que es, Fufú lo anota y
R-R lo pone en la caja correspondiente. Fufú está en el medio de los tres y
Nené, al pasar el regalo a R-R, tropieza con él todas las veces)
NENÉ.-
¡A trabajar! FUFÚ.- ¡Yo ya estoy preparado! (Lleva un lápiz en una mano y un cuaderno en la otra) R-R.- ¡A clasificar! (Hace gestos de colocar distintas cajas, donde irá poniendo los juguetes) NENÉ.- ¡Muñeca! (Se la pasa a R-R, tropieza con Fufú, así todas las veces) FUFÚ.- ¡Ay! (Anotando) Mu…ñe…ca. R-R.- ¡Con las muñecas! NENÉ.- ¡Trenecito! FUFÚ.- ¡Ay! (Anotando) Tre…ne…ci…to. R-R.- ¡Con vehículos! NENÉ.- ¡Superhéroe! FUFÚ.- ¡Ay! NENÉ.- Fufú, quítate de enmedio. FUFÚ.- (Haciéndose el interesante) No estoy “delmedio”, estoy tomando notas. R-R.- No tengo una caja de superhéroes. NENÉ.- Pues… ponlo en la de muñecas y después de comer prepararemos la caja de… ¡superhéroes! FUFÚ.- ¡Superhéroes! ¡Ay! (Mirando a Nené) ¿Otra vez? (Nené se desespera y R-R coge al superhéroe y lo pone en la caja de muñecas) R-R.- ¡Superhéroe con muñecas! FUFÚ.- (Anotando) Su…per… (De repente se oye el sonido de un gélido viento soplando, los duendes paran su actividad) NENÉ.- ¿Habéis oído eso? FUFÚ.- Yo sí. R-R.- Yo también. (De nuevo el viento) NENÉ.- (Nervioso, se pone delante de Fufú) ¿Qué será? FUFÚ.- Te lo diré si te quitas “delmedio”. (Fufú y Risqui-Risqui se ríen, traviesos) NENÉ.- (De vuelta a su sitio) ¡Muy gracioso, muy gracioso! FUFÚ.- Es la Bruja de las nieves, que viene. NENÉ Y R-R.- ¡La Bruja de las Nieves! FUFÚ.- ¿Qué pasa? NENÉ Y R-R.- Que es mala, ¿qué va a pasar? (Se oye la risa de la bruja) BRUJA.- ¡Aaaahhh, jia, jia, jia! LOS TRES.- ¡Aaaahhh! (Se juntan en una piña) (Aparece la bruja, volando en su escoba. Sus ropas son negras como la noche, su cara y sus manos blancas como la nieve) BRUJA.- Tenéis razón, soy mala, muy mala. ¡Aaaahhh, jia, jia,jia! FUFÚ.- ¡Ay, la Bruja de las Nieves! BRUJA.- ¡Y me gusta soplar y soplar! NENÉ.- ¡No, no nos soples! (La bruja sopla y resopla) FUFÚ.- ¡Ay, qué frío! (Los tres tiemblan de frío) BRUJA.- ¡Soplar y soplar! ¡Jia, jia, jia! R-R.- ¡No soples más! (La bruja sopla y resopla) FUFÚ.- Nos va a dejar heladitos. NENÉ.- Como un cubito. BRUJA.- Y además… ¡super pequeñitos! (Al decir esto la bruja, los tres duendes desaparecen y vuelven a aparecer congelados, no se mueven ni hablan y son muchísimo más pequeños) ¡Aaaahhh, jia, jia, jia! Y ahora os esconderé donde nadie os va a encontrar. (Y de un resoplido, saca de escena a los tres miniduendes y sale ella riendo y volando con su escoba)
(Entra en escena Papá
Noel, lleva un gran montón de juguetes en las manos, se tambalea buscando el
equilibrio)
PAPÁ NOEL.- Se me va a caer… se me va a caer… se me cayó. (Se le caen los juguetes al suelo, donde quedan formando una montañita) ¡Qué desastre, vamos muy retrasados! ¿Dónde se habrán metido mis ayudantes? ¡Hou, hou, hou! (Sale apresurado a por más juguetes, vuelve a entrar igual que antes) PAPÁ NOEL.- Se me va a caer… se me va a caer… se me cayó. (La montaña de juguetes crece bastante) Voy a poner aquí todos los juguetes, en un gran montón, y luego ya veremos. ¡Hou, hou, hou! (Sale apresurado, la montaña de juguetes sigue creciendo y creciendo, oímos la voz de Papá Noel) PAPÁ NOEL.- Tardísimo, es tardísimo, no voy a llegar a tiempo. (Entra en escena, va hablando para sí, echando cuentas) Sábado 22,… Domingo 23,… Lunes 24… ¡24 de Diciembre! ¡Qué barbaridad! (Sale, oímos su voz) Qué despiste, menos mal que lo tengo aquí. (Vuelve a entrar con un gran árbol de Navidad) Ya lo tenía preparado, aquí está muy bien. (Se oye el sonido del viento) |
PAPÁ NOEL.-
¡Brrr, qué viento tan frío de repente! (Aparece la bruja volando en su escoba) BRUJA.- ¡Aaaahhh, jia, jia, jia! PAPÁ NOEL.- ¿Otra vez tú, Bruja de las Nieves? BRUJA.- La misma que ríe y vuela. ¡Aaaahhh, jia, jia, jia! PAPÁ NOEL.- Todos los años nos intentas fastidiar. BRUJA.- ¡Jia, jia, jia! PAPÁ NOEL.- ¿Qué has hecho con mis duendes? BRUJA.- Adivina, adivinanza… PAPÁ NOEL.- No tengo tiempo, ahora verás. (Sin previo aviso, lanza unos polvos mágicos sobre la bruja) ¡Noooo, los polvos mágicos otra vez noooo! (La bruja desaparece entre aspavientos) PAPÁ NOEL.- ¡Hala! Ahora no es más que un airecillo fresco. Tardará por lo menos cinco años en recuperarse. ¡Hou, hou, hou! (En el centro de la escena tenemos la montaña de juguetes, a un lado el árbol y al otro Papá Noel) (Se oye como un cascabeleo) PAPÁ NOEL.- No puede ser la bruja. NENÉ.- ¡ Somos nosotros! FUFÚ.- ¡Estamos encerrados! R-R.- ¡Socorro, socorro! PAPÁ NOEL.- ¡Mis duendes! ¿Pero dónde estáis? (Busca en el lado equivocado de la montaña de juguetes) DUENDES.- ¡Aquí, en el árbol! (Las bolas del árbol se mueven) PAPÁ NOEL.- ¡Bruja malvada, los has encerrado en las bolas del árbol! (Una de las bolas comienza a sacudirse) NENÉ.- ¡Cuidado, que voooy! (La bola cae, se rompe y vemos a Nené en su tamaño normal) NENÉ.- ¡Ay, me duele todo! PAPÁ NOEL.- ¡Nené! NENÉ.- ¡Papá Noel! (Se abrazan) FUFÚ.- ¡Cuidado, que voooy! (Otra bola se balancea, cae, se rompe y vemos a Fufú) FUFÚ.- ¡Ay, qué cabezazo! PAPÁ NOEL.- ¡Fufú! FUFÚ.- ¡Papá Noel! (Se abrazan) R-R.- ¡No puedo soltarme, socorrooo! FUFÚ.- Espera, que te ayudo. (Fufú coge la bola y la lanza contra el suelo) NENÉ.-
Pero serás bruto!
R-R.- ¡Ay, ay, ay, qué coscorrón! ¡Pero serás bruto! FUFÚ.- ¡Ha sido sin querer! PAPÁ NOEL.- ¿Estás bien pequeño? R-R.- ¡Papá Noel! PAPÁ NOEL.- ¡Risqui-Risqui! (Se abrazan) Hay que darse prisa, mirad qué desastre. (Señalando la montaña de juguetes) NENÉ.- ¡Esto te lo arreglamos nosotros en un momento! PAPÁ NOEL.- Ya es 24 de Diciembre. FUFÚ.- Pues por eso mismo. R-R.- ¡Compañeros, medida de emergencia! (Se dan la mano y se colocan en ristra delante de la montaña de juguetes, como rodeándola. Se mueven de un lado a otro a su alrededor, Papá Noel les observa) DUENDES.- Reducción, reducción, en un sólo saco metemos el montón.
(Repiten esto varias veces,
empiezan bajito y van subiendo el volumen. La montaña de juguetes se va
haciendo más y más pequeña hasta desaparecer y en su lugar aparece un saco,
de tamaño asequible, lleno de juguetes)
DUENDES.- ¡Conseguido! PAPÁ NOEL.- ¡Sois los mejores! TODOS.- ¡Hou, hou, hou! PAPÁ NOEL.- (Se echa el saco al hombro) Me voy pitando que si no, no llego. ¡Piii, pi, ri, pi, piii! (Sale) DUENDES.- ¡Hasta mañana! NENÉ.- ¿Nos llevamos el árbol al salón? R-R.- Pues sí, aquí ya hemos terminado. (Se van llevando el árbol) FUFÚ.- Habrá que ponerle bolas nuevas. (Salen, se asoma Fufú) FUFÚ.- Atentos, porque cae la noche, la noche… buena. (Sale) (La escena ha quedado vacía, comienza a subir una gran luna, luna llena; sobre ella, la silueta de Papá Noel, en su trineo, con sus renos) PAPÁ NOEL.- Este año hemos vuelto a conseguirlo. ¡Hou, hou, hou! ¡Feliz Navidad a todos! (Queda la imagen estática y se cierra el telón) FIN |
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Muñeco de nieve y Gatito de
peluche
Autora: Isabel Tapiador |
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(En escena vemos un muñeco de nieve, muy
bonito, tres grandes bolas lo forman, sus ojos negros son dos grandes trozos
de carbón, su sonrisa, un fleco de la enorme bufanda roja que le han puesto
al cuello, tiene brazos, que son dos ramas y tiene manos porque le han puesto
manoplas al final de las ramas)
(El gatito Rodolfo es el presentador de esta historia, se ha puesto una pajarita para estar elegante) (Entra Rodolfo)
RODOLFO.-
Hola, buenos días. (Saluda inclinándose) Yo soy Rodolfo, un gatito de peluche de lo más majo. (Se sienta en la ventana del teatrillo, se acomoda, vemos sus patitas) Me he puesto elegante porque soy el presentador de este cuento. Aunque también soy protagonista, igual que el muñeco de nieve, Agustín. (Lo mira) ¡Qué bonito es Agustín, con sus ojos de carbón y su sonrisa de lana…! ¡Qué poético me ha quedado y eso que es la primera vez que presento! AGUSTÍN.- No te enrolles, que me voy a derretir. RODOLFO.- Calla, todavía no te toca; ¡es mi momento! AGUSTÍN.- A éste se le ha subido el peluche a la cabeza. RODOLFO.- (Declamando) Este cuento comienza un día de invierno, cuando Javier y Lucía, hermanitos, cruzan el parque de vuelta a casa… (Sale Rodolfo, se asoma) RODOLFO.- ¡Ay! (Sale)
(Entra Lucía
jugueteando, lleva su gatito de peluche en las manos)
LUCÍA.- ¡Salta… salta… salta, salta, salta! (Oímos la voz de su hermano) JAVIER.- ¡Espérame, Lucía, que te vas a perder! LUCÍA.- ¡Rodolfo, qué bonito eres! (Se abraza a su gatito) (De repente ve al muñeco de nieve y, toda emocionada, abre los brazos, con lo que se le cae Rodolfo) ¡Hala…hala… qué bonito! ¡Javier, javier…, mira, mira, mira, mira! (Lucía está dando saltos de la emoción, entra su hermano) JAVIER.- ¡Cómo mola! LUCÍA.- ¡Mira, mira, mira! JAVIER.- Ya lo veo, Lucía. Calla, que te va a dar algo. LUCÍA.- ¿Lo podemos llevar a casa, porfi, porfi? JAVIER.- Noooo, lo habrán hecho otros niños y querrán volver a verlo. (Tira de la mano de su hermana para llevársela) LUCÍA.- ¡Porfi, porfi! JAVIER.- Que no Lucía, vamos, que se hace de noche. LUCÍA.- ¡Jope! (Dice adiós a Agustín con la mano) Adiós guapísimo. (Salen de la mano)
(Entra Rodolfo, se
apoya melancólico en el teatrillo)
RODOLFO.- Así fue como quedé abandonado en la fría nieve, y todo porque Lucía prefería a Agustín. AGUSTÍN.- ¡Pero no fue culpa mía! RODOLFO.- Es verdad, y además nos hicimos muy amigos. AGUSTÍN.- ¡Cuenta, cuenta! RODOLFO.- Es mejor que lo vean. (Dice adiós al público con la mano y sale) (Queda Agustín en escena, al poco, escuchamos unos maullidos lastimeros, Agustín busca, al fin vemos al gatito) AGUSTÍN.- No llores, nos haremos compañía. RODOLFO.- ¡Miau! AGUSTÍN.- Anda, sube y métete en mi bufanda, que ya se ha ido el sol y empieza a hacer frío. (El gatito sube, se hacen arrumacos y queda escondido bajo la bufanda de Agustín. Se duermen los dos, sube la luna en el cielo)
(Oímos la voz de
Lucía)
LUCÍA.- ¡Vamos a buscarlo, seguro que me está esperando) (Entran los hermanos) JAVIER.- ¡Que ya es de noche! LUCÍA.- ¡Rodolfo, Rodolfo! (Mira por todas partes) JAVIER.- Me parece que no está. (Lucía estalla en llanto) LUCÍA.- ¡Buaaaahhh! ¡Rodolfo ya no me quiere, buaaahhh! JAVIER.- Pero qué dices, lo habrás perdido y lo ha encontrado otro niño. (Lucía mira a su hermano en silencio, dos segundos, y vuelve a romper en llanto) LUCÍA.- ¡Buaaaahhh, buaaaahhh! JAVIER.- Anda, vámonos, buscaremos en otro sitio. (Se van de la mano, al poco, la luna también se va)
AGUSTÍN.-
(Despierta, bosteza) ¡Uaaaay! Buenos días, buenos días. ¿Rodolfo, estás ahí? (Un bultito se mueve bajo la bufanda) ¡Ji, ji, ji, que me haces cosquillas! (Asoma Rodolfo) RODOLFO.- ¡Miau! Buenos días. AGUSTÍN.- ¡Hola, amiguito! RODOLFO.- ¡Vamos a jugar! (Rodolfo corretea alrededor de Agustín, sube y |
baja por encima de él,
Agustín ríe, lo coge con sus manoplas y lo lanza hacia arriba, Rodolfo ríe…)
(Quedan estáticos, sin moverse, y entra Rodolfo presentador, con su pajarita) RODOLFO.- Así pasamos muchos días felices, jugábamos y reíamos y yo dormía calentito bajo la bufanda de Agustín. Pero un día empezó a hacer menos frío, más calor… (Aparece un sol, que queda radiante en el cielo) RODOLFO.- Ahora veréis lo que pasó. (Se va, se asoma) ¡Ay! (Se va) (El muñeco de nieve deja al gatito en el suelo) AGUSTÍN.- ¡Uf! RODOLFO.- ¿Estás bien? AGUSTÍN.- Tengo mucho calor. RODOLFO.- ¡Miau! (Agustín comienza a hacerse más bajito y de repente, ¡blop! es más pequeño) RODOLFO.- ¿Qué te ha pasado? ¡Eres más pequeño! AGUSTÍN.- Creo que me estoy derritiendo. RODOLFO.- Te haré sombra para que no te de el sol. (Intenta taparle, salta, nada consigue. Agustín sigue bajando y … ¡blop! es más pequeño todavía) RODOLFO.- ¡Eres más pequeño! AGUSTÍN.- Estoy un poco mareado. RODOLFO.- ¡No sigas bajando! AGUSTÍN.- No puedo evitarlo. (¡Blop! Ahora Agustín es muy pequeñito) RODOLFO.- ¡Miau! Ahora si te puedo dar sombra, no te muevas. (Entra Lucía, seguida de Javier) LUCÍA.- ¡Salta… salta… salta, salta, salta! (Ve a Rodolfo, se queda paralizada, también lo ve Javier) JAVIER.- ¡Rodolfo! LUCÍA.- (Emocionada, estalla en llanto, mientras abraza a Rodolfo e intenta hablarle entre lloros) ¡Buaaahhh, buaaahhh! ¡Ro… dol… fo…Te vine a buscar! ¡Buaaahhh, frí… o, ham… bre,… buaaahhh! JAVIER.- ¡Mira Lucía, qué muñequito de nieve tan chiquitín! (Lucía esta vez no suelta a Rodolfo, lo estruja y estruja) LUCÍA.- ¿Nos lo llevamos, porfi, porfi? JAVIER.- Vale, y lo ponemos en el jardín a la sombra, que aquí se va a derretir. (Lucía salta de la emoción, abrazada a Rodolfo) LUCÍA.- ¡Bieeeen! (Javier coge con mucho cuidado el muñequito) JAVIER.- ¡Corre, corre! LUCÍA.- ¡Bieeeen! (Salen de escena)
(Entra Rodolfo
presentador, con su pajarita y un gorrito de lana, va empujando un
frigorífico)
RODOLFO.- Creedme, que fue así como pasó. (Abre la puerta de la nevera, vemos a Agustín dentro) Por la noche, cuando nadie me veía, cogí a Agustín del jardín y lo metí en el frigorífico para que estuviera bien fresquito. AGUSTÍN.- ¡Qué bien, qué fresquito! RODOLFO.- Y todas las noches, cuando nadie me veía, me ponía mi gorrito de lana y me metía con él en el frigorífico y jugábamos un ratito juntos y después nos despedíamos. (Dice adiós a Agustín con la mano) AGUSTÍN.- ¡Hasta mañana! RODOLFO.- (Mientras cierra la puerta y empuja el frigorífico fuera de escena) Vivíamos felices. Un día lo descubrieron, se quedaron tan, tan, tan, pero tan, tan, tan sorprendidos, que lo dejaron allí, y cuando llegó el invierno y comenzó a nevar, lo sacaron al jardín. (Aparece Agustín pequeñito) Y con la nieve que le fue cayendo… ¡sorpresa!… (Agustín se hace más grande) … ¡Sorpresa!… (Más grande todavía) … ¡Sorpresa! (Agustín es tan grande como al principio) RODOLFO.- ¡Agustín! AGUSTÍN.- ¡Rodolfo! (Se abrazan) Pero todo esto que os hemos contado es un secreto. RODOLFO.- Por eso no habíais oído este cuento hasta ahora. AGUSTÍN.- Entonces, ¿es un cuento secreto? RODOLFO.- Claro, pero se lo podemos contar a nuestros amigos. AMBOS.- ¡Adiós amigos! (Dicen adiós con la mano) (Comienzan a irse) RODOLFO.- Nos ha quedado muy chulo, ¿eh? AGUSTÍN.- ¡Chulo, rechulo! (Ya sólo les oímos) RODOLFO.- ¡Chulo, rechulo, cachirulo! AGUSTÍN.- ¡Eso! FIN |
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